Poesía del momento, Nº 146 a

Primera de septiembre de 2008

 

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La esperanza es el sueño de los hombres despiertos.
Yo te he soñado tanto que ya casi eres mía, 
y espero y desespero por ver llegar el día
en que en mí te abandones,  en mis brazos abiertos.

Brevería Nº 3

 

 

 

Breverías

   
1931
Lentamente regreso, cauteloso,
a mi vieja sonrisa, la simiente
del gozo en gestación recién plantada.

Huele a sándalo el aire, y tembloroso
mueve su fronda el olmo. De repente
siento el alma de nuevo iluminada. 

1932
Voces hay que nos rozan, que nos gritan, 
que nos rompen la vida, o la renuevan,
como hay vientos que besan o que agitan,
que nos sumergen o que nos elevan.

¿En qué voz me hablarás, tú que navegas,
proa hacia mí, y a velas desplegadas?
¿En ola azul, que avanzas y repliegas, 
o en clamor de galernas encrespadas? 

1933
Eres de acero, a veces me golpea
el filo hostil, tajante de la espada,
y a veces mi visión se tambalea 
cosido a la pared por tu lanzada.

Hazte de levedad, de mansedumbre, 
hiéreme a brisa, a pétalo, a gemido,
a tenue roce, a luz que me deslumbre…,
déjame en fin extático y vencido.

1934
Escucho, siempre escucho, y con frecuencia
oigo palabras, ecos y sonidos
que me pasan de largo, sin dolencia,
lobo alzando en la noche sus aullidos.

Pero sigo escuchando, y a la espera
y a la esperanza de una voz sensible 
que no se haga en mi oído forastera,
aldabonazo, aun siendo imperceptible.

1935
Me dijo que me amaba demasiado;
era una tromba azul, una borrasca,
un vendaval haciéndose tornado, 
y el paisaje a su soplo era hojarasca. 

Y yo me dejé amar. Era violenta,
mas sin herir, colmena y catarata,
fiera complicidad, pantera hambrienta,
que aún después de perdida me arrebata.

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Poemas

   
 
Redención

Apresúrese el sol en su camino
para poder reconquistar mi sombra, 
enlazada a unos pies apresurados
que al caminar la ignoran.
Tengo el alma despierta 
en otra alma remota
que se ha dormido anticipadamente,
como la luz en la ciudad lluviosa.
Y quiero rescatarla
de esa prisión angosta
en que sigue soñando y languidece,
abrazada a un pasado que es historia.
Voy a abrazar la vida,
voy a encender la antorcha
que me alumbre en la noche sin estrellas,
voy a llenar mi alforja
de esperanza, refuerzo y desafíos,
sacudirme la broza
apegada a mis miembros
al caminar a flor de paradojas;
volver a ser yo mismo, 
hombre con alma y sombra,
que nadie pueda ya desvirtuarlas
como hoy padecen y se desmoronan.
Hoy, al crepúsculo, he de redimirlas;
quédese allí la noche, que responda
cada cual de sus actos,
de sus inconsecuencias, de sus horas.


Los Angeles, 4 de septiembre de 2008

(Indice)

   

Libro

Vendrá el día, a la sombra de tu ocaso, 
en que abrirás el libro
viejo, semiolvidado, polvoriento, 
como clavel marchito,
y pasarás las páginas, 
con aire indiferente, distraído.
Habrá un vago recuerdo, mariposa
revolando en tu mente, un tono ambiguo
de palabras habladas 
rozando el interior de tus oídos,
un palpitar de versos tan lejano
como si nunca hubieran sido escritos;
y lo fueron por ti, para ti, tropa
de ángeles, o de duendes, tan conspicuos
que todos los veían, 
menos tú; y eran fieros estallidos
de exaltación, y cantos de esperanza,
y risas, y gemidos, 
que todos escuchaban, 
menos tú; y eran íntimos testigos
de un alma derramándose en el mundo
en marea de afectos encendidos,
que todos exploraban,
menos tú; y eran valles y caminos
que persistentes frecuentaban todos,
menos tú, tan ajena y en descuido.
Todo fue un surtidor entre mis dedos,
todo quedó en mi libro,
y se le abrieron párpados extraños,
y estimuló intenciones y sentidos,
y quedó arrinconado en tus estantes, 
sombra en la sombra al borde del olvido.

Un día llegará, quizá me leas,
y en cada verso escucharás el grito
de un alma enamorada, 
de una piel enredada en el instinto,
de una mente lanzando ideas fijas, 
porque su amor fue fijo;
y entenderás tal vez lo que entendieron
tantos que me han leído, 
pero nadie sabrá quién fue la musa
que me envió al exilio.
Sólo tú lo sabrás, si lo recuerdas;
y mientras tanto escribo, escribo, escribo...


Los Angeles, 5 de septiembre de 2008

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Huracán

Vendrás a mí con el fervor del viento
de estío en las Antillas,
revolviéndote en fiero torbellino,
y allanando mi torre. Te aproximas
a golpes invisibles,
domando las palmeras de otras vidas,
que oscilan a tu paso,
como queriendo sucumbir. La mía
te abrirá el paso franco,
como a una emperatriz en reconquista.
Me subyugaste desde lejos, ahora
llegas en esplendor hasta mi orilla,
y acepto tu oleaje, tu arrebato,
y aun la devastación que se anticipa.
Tu intensidad me arrastra, me circunda,
me lleva a la deriva.
Y me dejo llevar; no, no me opongo, 
abráceme tu curva destructiva,
pulverice mis tramos anteriores,
y abra otras perspectivas.
Es el momento de arrasar lo viejo,
y reemplazarlo. Ya vendrá la brisa,
con su mano galante
de cálida caricia,
y alzará nueva torre, destacando
como una lanza en pie sobre las ruinas.
Entonces habrá calma,
y en voz muy baja te diré: Eres mía.


Los Angeles, 5 de septiembre de 2008
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Como los de su madre

Salen los niños del colegio, en grupos,
algarabía, risas, empujones,
tropel de golondrinas
alborotadas hacia el horizonte.
Sale también el tuyo, 
tan garboso, y de súbito tan hombre;
hombrecito más bien. Tiene los ojos
pardos, como los tuyos, y tan nobles;
y una sonrisa abierta
que le inunda la cara, y un derroche
de gestos espontáneos,
de los que no se esconde;
tan indeliberados
como los de su madre aquella noche.
Se le revienta el alma
a través de la piel; surgen en bloque
los mínimos impulsos,
los pródigos afectos; no conoce
reserva o disimulo;
se le va lo intangible a borbotones,
el gozo, el ímpetu, el ardor, la gracia, 
como los de su madre aquella noche.
Es inquieto, feliz, arrimadizo,
se mueve, salta, corre,
no por el ansia de llegar a un punto,
sino por el placer de esas acciones.
Ah, tantos rasgos suyos, en el fondo,
como los de su madre aquella noche...


Los Angeles, 6 de septiembre de 2008

   

1952 - Una noche

Una vez, ya por ti quizá olvidada,
forjamos una noche a nuestro modo,
tal como Dios nos engendró del lodo
al filo de la sexta madrugada.

Hubo esperanza y fe; luego, truncada
y hundida la ilusión, lo vimos todo
como si nuestra vida en el recodo
del camino quedara sepultada.

Expulsados de nuestro paraíso,
y en nómadas trocados de improviso,
cada cual eligió su propia senda.

Ahora yo miro atrás, a lo que fuimos,
y me parece que cuanto vivimos,
más que acontecimiento, fue leyenda. 

Los Angeles, 7 de septiembre de 2008

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1953 - Desdibujándose

Ah, cómo se diluye su figura...
El tiempo es niebla gris que difumina,
y cuanto más la evocación se obstina
tanto se ve en la mente más oscura.

Voy, trovador errante en la espesura,
en busca de su sombra. Se me hacina
tropel de formas, pero la genuina,
la que llegue a besar, no se aventura.

Puede ya ser, semidesvanecida, 
nube, rumor, oscilación, que anida
en mundo cada vez más irreal.

Tiendo la mano y nada corroboro, 
la vista avanzo, pero no avizoro 
sino un paisaje ausente y espectral.


Los Angeles, 7 de septiembre de 2008
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Camino del cementerio
¿Nunca habeis visto un cementerio hermoso
como la inmensa mano de la brisa
peinando el sauce, y oscilando el mástil 
del enhiesto ciprés en la llovizna?
El muro que le cerca no es adusto,
tiene un toque nostálgico, y adscritas
a sus piedras talladas
hay promesas solemnes, y caricias.
Está en medio del pueblo,
casi en silencio, casi en compañía,
los verdes prados, densos maizales,
en retirada ya ante la ofensiva
de cemento y ladrillo;
pero el sendero vive todavía
adosado a la tapia
como un hermano siamés. Caminan 
recios pastores tras de las vacadas,
en lentitud, mientras la tarde expira.
Yo repetía el mismo itinerario
cuando tú eras aún parte de mi vida,
y te llamaba desde el móvil. Eran
lugar y tiempo que al secreto invitan.
Esa pared preserva confidencias
que yo recuerdo, que tal vez tú olvidas.
Al otro lado, amantes bajo tierra,
de otras edades, polvo ya en la arcilla,
sentirían eléctricos impulsos
oyéndome pasar; no se marchita
ni se muere el amor, sólo se ausentan
ciertos amantes que al amor abdican.
En este cementerio, un subterráneo
corrimiento de tierras que lo agita, 
una fragancia apenas perceptible,
una dulce, callada melodía, 
les otorgaba, transitoriamente,
blanca resurrección de sus cenizas. 


Los Angeles, 7 de septiembre de 2008
(Indice)

   
Sueños

Es doble mi soñar. No importa el uno,
cuando, dormido, no voy al volante.
Ni decisiones ni control ejerzo, 
es dejarme llevar, como si al aire
mi hojita de papel, zarandeada, 
fuera en zigzag involuntario, errante.
El sueño de la noche,
inconsciente, pasivo, no me vale.
Es el sueño del día
el que se me hace vivo y relevante,
porque soy quien decido
cuanto mi mente y corazón invade.
Soñar de noche es ir a la deriva
sin timón ni bitácora en la nave,
zarandeado por el mar, sin rumbo,
errático, a merced del oleaje. 
Soñar de día es manejar las velas, 
trazar el derrotero, anticiparse
a contingencias de peligro y triunfo,
elegir el destino y alcanzarle.

Nunca te he visto dentro 
de mis sueños nocturnos; las imágenes
que me acosan en ellos son anónimas, 
y carecen de rostro, aunque me abracen.
Llegan, me dan su piel, y se evaporan;
nunca saben quedarse.
Tú vienes a mis sueños cada día, 
en las plácidas horas de la tarde, 
en el encanto azul de las mañanas, 
en el tráfago denso de las calles, 
en el silencio oscuro de la alcoba,
en el verde rumor de los pinares. 
Yo te llamo, tú vienes y te quedas,
tan plena, tan desnuda, tan fragante,
con el rostro cargado de promesas,
y el ímpetu de amar sobre la carne.

Y aunque un día te ausentes,
para vivir tu vida en otros lares, 
yo seguiré, compilador de sueños,
tejedor de utopías, fabricante
de absurdas ilusiones,
trayéndote a mis propias orfandades,
clavándote a la cruz de mis deseos,
hundiéndote en los pozos de mi sangre,
sin querer evitarlo por mi lado,
sin lograr evitarlo por tu parte.
Me pertenecerás, aunque no quieras,
porque yo te he asaltado al abordaje,
porque yo te he creado a mi manera,
porque tú te has quedado, sin quedarte.


Los Angeles, 9 de septiembre de 2008
(Indice)

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