Poemas de amor, de soledad, de esperanza de
Francisco Álvarez Hidalgo
Ensoñación

Índice

Sonetos:
Murmullos Asomándose al día Camino Espectro del pasado
Poemas:
Sobre la arena Al amanecer Unas horas Dos árboles
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Breverías

1966
A cazar mariposas me dedico. Puedo ya adivinar su zigzagueo en el jardín, la alberca, el encinar. Mas ni las clavo ni las clasifico; las restituyo a su revoloteo, que vuelvan a empezar. ¿No es la vida un caer, un levantarse, y un perder, y un ganar, y olvidar, y volver a enamorarse?

1967
Vuelvo a mirar las cosas relegadas. Un tiempo atrás me despedí del mundo, me retiré a un albergue, en lo profundo del más callado amor, un cuento de hadas. Su sensibilidad fue mi universo. Pero la fue perdiendo; mi orfandad fue exhumando la vieja realidad, y con su auténtica honradez converso.

1968
Por cada primavera que agoniza hay un dorado otoño que sazona racimos y esperanzas, y electriza en los feudos del alma cada zona. Todo resbala, nada se eterniza, y lo más absoluto evoluciona; el cambio es nacimiento que despliega cada una de las muertes que nos llega.

1969
En soledad, mujer enamorada, perdido el brazo en torno a tu cintura, a ti misma abrazada, en noche tan desierta, tan oscura. Hay canciones de amor en cada calle, se encienden las farolas, se pueblan de calor montaña y valle, y el temblor de tu sexo… tan a solas.

1970
Tu habitación es tu universo; cierra puerta y ventanas, desconecta el cable que te invade el cerebro, desentierra tu vieja forma de pensar. Que te hable. Qué potencial el tuyo, sorprendente, pero en descuido ya dormido o muerto; retírate a ti mismo, que latente tu propio mundo quede al descubierto.

Sonetos

1986 - Murmullos
Escucho los murmullos de las rosas, oigo pasar las nubes, y me llama dulcemente la luz que se derrama sobre mí, sobre el mapa de mis cosas. Qué elocuentes las formas silenciosas, que parecen no hablar, cómo proclama cada una su quehacer, su panorama, sus razones sutiles u olorosas. O tal vez ellas no hablan; tal vez pienso que el amor que ayer fuera tan intenso, y se dejó morir, hoy resucita. Tal vez mi modo de mirar el mundo se vistió de color por un segundo, porque mi corazón lo necesita.
Los Angeles, 14 de noviembre de 2008
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1987 - Asomándose al día
Tanto esperar a que la luz temprana descubriera su rostro, recluído; tanto juzgarme en su apatía hundido, y hoy por fin ha enrollado la persiana, y se ha dejado ver. Se me engalana de nuevo un mundo que pensé perdido, llegan viejos rumores a mi oído que adormeciera decepción lejana. Entre las manos tuvo dos futuros, y al no agruparlos se encerró entre muros de soledad, de hiel, de bancarrota. Y ahora se asoma al día, en añoranza de la vida que fue, con la esperanza de recobrarlo todo gota a gota.
Los Angeles, 14 de noviembre de 2008
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1988 - Camino
Me dijo muchas cosas, casi nada, todo fundamental, todo anodino, se proponía unirse a mi camino sin ponderar propósito o llegada. Tenía el alma de oro, iluminada, y en los ojos el brillo cristalino, oscuro y seductor, del viejo vino, invitando a beber con la mirada. Me acompañó en trajín, calor y frío, cuanto era suyo propio, lo hizo mío, se dejó poseer, me poseyó. Pero nunca arribamos a la meta; era cada jornada en sí completa, ella, mi senda, su camino, yo.
Los Angeles, 14 de noviembre de 2008
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1989 - Espectro del pasado
Su aspecto en sombra, su palabra muda, apagada la llama, tan ausente; y al parecer murió. Hoy, de repente, reaparece, y el miedo me saluda. Miedo de su irrupción, súbita, aguda, tenaz espada, hiriendo lentamente; y yo, blindados corazón y mente, noto que la hemorragia se reanuda. Caí, me aislé, reconocí caminos a nuevas metas, pero sus destinos no eran puntos de luz trancendentales. Y hoy me llega el espectro del pasado. Ay, que tal vez aún sigo enamorado; ay, que me desconciertan las señales.
Los Angeles, 15 de noviembre de 2008

Poemas

Sobre la arena
Me llega el mar, toca mis pies, nos llega como infinitas manos diminutas, pero también inmensas, arrastrando tactos impúdicos de blanca espuma. Separas las rodillas, las separo, y asciende hacia los muslos, te hace suya, mas no me encela; lame y acaricia también los míos; no se lo censuras. Trepa sobre tu sexo, roza el mío, te ciñe la cintura, se encarama a mi pecho, y se te infiltra audaz bajo la blusa. Y tú se lo permites; yo, sonriendo, acepto su conducta. ¿Qué amante puede consentir acciones que otras veces tan áspero repudia? ¿Qué trío se revela en tal escena palpitante y húmeda? El agua que te esculpe te hace, vestida, mucho más desnuda. El agua que me ciñe sabe de lenguas, senos y angosturas. Aprendo tanto de ella… me habla a veces, y a veces se insinúa. Pienso que hacen lo mismo contigo sus burbujas. Luego me lo dirás, cuando se vaya, luego te lo diré, cuando la música de su rumor se apague, y tú y yo solos perduremos aquí, bajo la luna.
Los Angeles, 15 de noviembre de 2008
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Al amanecer
Te amo en la risa de la luz temprana, aun siendo incordio al expirar la noche; si interrumpe el sosiego, redescubre tu forma, como un bloque de mármol de Carrara, todo blanco, que mi mano esculpiera a medianoche. Por eso amo la aurora. Nos aporta, a pesar de su aroma de limones, a pesar de su fresco colorido, a pesar de sus cálidos rumores, una cierta agonía, y el fracaso de prorrogar gemidos y sudores. Mas nos devuelve formas que confiscó la noche; es como si otra vez recuperara la visión de tu espíritu, tu nombre, recubiertos de piel, que evaporara en la sombra el tictac de los relojes. Naces cada mañana, toda pura, toda sensual y rítmica, redobles de alborozo en las puntas de tus dedos, sábanas y cabellos en desorden, en desnudez total, como una diosa a la caza de un hombre. Tales amaneceres me despiertan de un sueño inerte a un sueño de clamores, porque la luz te canta, al rescatarte de la densa penumbra que te esconde.
Los Angeles, 15 de noviembre de 2008
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Unas horas
Un lugar hipotético, una amante que no existió, pero que el alma crea sin otorgarle túnica, un ovillo de brazos y de piernas, un silencio elocuente, como si, reservándose ambas lenguas, dialogaran en lúbricos contactos al fondo abrasador de la tiniebla. Unas voces al fondo del pasillo que pasan, sin llamar, frente a la puerta. Unas risas en otro dormitorio, como juego trivial de adolescencia. Una noche tan larga, y tan corta a la vez, y tan de seda, que resbalan las manos y los muslos, mas no se van, se quedan. Un sexo rígido, tan penetrante, que se hilvana a otro sexo, y se doblega. Un abrazo tan largo, tan sereno, como si nada hubiera sucedido entre sábanas, tan sólo el sueño de un amor que se despierta. Una mano que dulcemente toca, y enreda y desenreda el cabello revuelto que ofrece una sonrisa por respuesta. Una noche tranquila, silenciosa, una noche de aquellas que se tuvieron tiempo atrás, quedando archivadas en mentes que recuerdan. Unas horas, oh Dios, sólo unas horas que debieran ser siglos, pero vuelan.
Los Angeles, 15 de noviembre de 2008
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Dos árboles
No puedes, aunque quieras, arrancarlo. No es ya el retoño, tembloroso al viento, que tu mano plantó en mejores días. Creció, y el macetero le fue parcela estrecha, e impulsivo emigró a más amplio suelo; como lo hacen los hijos, afrontando el tumulto de los sueños cuando el hogar parece de repente tan manso, tan pequeño. Lo vi desarrollarse, redondear su copa contra el cielo, profundizar la tierra sus raíces, cada día más recias, más adentro, como lo hice contigo en hierba y agua, sobre alfombra y lecho. Se hizo fuerte, fue roble, pino, encina, ciprés, tan corpulento, tan firme, tan inmóvil, que resistió el embate de los tiempos. Y el tuyo, ¿lo recuerdas? Tanta esperanza en él, vistoso almendro, germinando su nieve en primavera, y abatido en invierno, cuando todos los árboles dormitan, pero éste quedó muerto. Quizá una tarde encapotada y triste, descuartices su cuerpo a golpes de hacha, y te acompañe un hombre avivando las llamas en el fuego. Tal vez en la penumbra de la estancia habrá una mariposa, y su revuelo evoque imágenes tan desvaídas que no homologarás en tus recuerdos. Yo a la sombra del mío seguiré contemplándote, de lejos.
Los Angeles, 15 de noviembre de 2008
Diseño: Carmen Álvarez
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