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Amado muerto
No te enraíces en el desconsuelo,
que es amarga la savia producida,
y arrancará el encanto de la vida
dejando en tu alma un témpano de hielo.
Ni proclames tu luto bajo el velo
de triste soledad por su partida,
debes cicatrizar pronto la herida,
que él vive en otro mundo u otro cielo.
Si partir es morir en cierto modo,
la muerte es solamente lejanía,
y quien muere, no muere, va primero.
Y aunque al final has de encontrarlo todo,
ahora debes marchar en compañía,
sonrisa abierta y ánimo ligero.
Soneto Nº 102
Los Angeles, 10 de julio de 1998
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