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Era un clamor, una mujer entera,
que se hace oir, y se hace ver; un viento
que impulsa, envuelve, esparce y aglomera;
era delicia y a la vez tormento;
era fragilidad de cristalera
y fortaleza en cada sentimiento;
era voz sin censura ni querella;
y al conocerla, me quedé con ella.

 

Brevería Nº 1789, de FAH 

                       

 

Y me quedé contigo

La tarde era un adiós, y tú no lo eras;
yo era llegada, tú eras acogida,
de todo yo desnudo, tú vestida
de tu gloria de senos y caderas.

Y me quedé contigo. Las palmeras
se mecían al aire; estremecida,
el agua en el embalse recogida,
era un quebrarse azul de cristaleras,

y era un silencio verde la espesura;
al interior, mi cerco a tu cintura,
anaconda estrechando los anillos. 

Y luego, en explosión voluptuosa,
una riada cósmica, espumosa, 
y un desmoronamiento de castillos.


Los Angeles, 9 de junio de 2007

Soneto Nº 1707

 

 

 


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