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Al besarte parece que se agitan 
mil diminutos dedos en el vientre;
mil susurros eróticos que invitan 
a que en tu oscura intimidad me adentre;
mil temblores de muslos que me gritan,
exigiendo que me alce y me descentre.
Y tu me besas repitiendo el grito, 
mi cuerpo ya a tu cuerpo circunscrito.
Brevería Nº 1216              

 

 

Llegué y amé

He avanzado entre muslos diagonales,
columnas lúbricas hospitalarias,
donde abismadas rutas secundarias
cruzan a veces sendas principales.

Me detuve a beber en manantiales
de convulsivas aguas, en las varias,
íntimas franjas, zonas solitarias,
susceptibles de audacias sensoriales.

Llegué y amé; no fui disminuído
por mente anémica o pudor fingido;
todo ofrecido fue, todo aceptado

en absoluta desnudez, desierta
de ajenas sombras, como quien despierta
inesperadamente a nuestro lado.


Cantabria, 21 de mayo de 2007

Soneto Nº 1697

 


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