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Violoncelo

Abre tus muslos a mi cuerpo, amiga,
y déjame soñar con ser tu amante;
y al estrechar mi cuello entre tus dedos
sé gentil y sé afable.

Con la suave presión de tus rodillas
en mis costados siento que renace
una pasión que invade mis entrañas
y a tí misma te invade.

Renueva sin cesar las pulsaciones
que hagan estremecer mis cavidades,
y deja resonar el eco ardiente
de mis notas sensuales.

Enciérrame en tu abrazo, estrecha el cerco,
anúdate a mí en lazos perdurables,
que como tú lo has hecho, amada mía,
nadie sabrá tocarme.


Los Angeles, 4 de noviembre de 1997

 

 


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