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- Noche
sureña, cálida, callada,
- húmeda
noche hundida en inquietudes,
- noche
en que el sueño en languidez eludes
- y
a los sueños te entregas desvelada.
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- Ya
tu costumbre se durmió cansada
- en
los brazos de sus ineptitudes,
- y
ese fiero clamor de multitudes
- son
tus sentidos a la desbandada.
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- Tal
vez la mano sin rubor prometa
- la
gloria del deseo, tan secreta
- que
tu mente la niega o la rechaza.
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- Espera,
que hacia ti marcha mi sombra,
- discreta
y lúbrica sobre la alfombra,
- y
a tu impaciente desnudez se abraza.

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