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Lámina de Luis Royo

 

Ay, mujer desconocida,
que tanto ya me conoces;
te estuve llamando a voces
durante toda mi vida.
¿Dónde yaciste escondida,
que no supe de tu oferta?
Aunque mi alma estaba alerta
nunca te vio en sus espejos,
y ahora surges a lo lejos…
Ven, que no hay llave en la puerta.  
 

Brevería Nº 677 de FAH



 


 


Eres mi igual, mi cuerpo se refleja
en la sinuosidad de tu figura;
eres el eco de mi voz, la oscura
gana carnal que a solas te festeja.
 
Sombra que en la penumbra no me deja
ceñir el círculo de su cintura,
sombra que, al perseguirla, se apresura,
sorda al clamor de mi incesante queja.
 
Ante el espejo, utópica ventana
a tu mundo en ausencia, qué cercana
y qué lejos estás, amada mía.
 
Cristal que nos acerca y nos separa
que esconde la tibieza de tu cara,
dejando el alma triste y la piel fría.
 

 

 

 

 

 

 
















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